Las Pinturas Rupestres de Tormón se encuentran dispersas entre los abrigos y paredes de roca de los Pinares del Rodeno, uno de los paisajes más singulares del sur de Teruel. No se visitan como una colección encerrada en un museo: aparecen integradas en la montaña, entre senderos, barrancos y formaciones de arenisca rojiza moldeadas por la erosión.
El conjunto incluye abrigos como Prado del Navazo, Ceja de Piezarrodilla y Cerrada del Tío Jorge, donde todavía se conservan figuras humanas, arqueros, animales y escenas de caza pintadas hace miles de años. Estas representaciones pertenecen al Arte Rupestre Levantino y forman parte del conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Lo más interesante de Tormón es precisamente la relación entre las pinturas y el paisaje. Los antiguos habitantes eligieron pequeños refugios naturales abiertos sobre el valle, protegidos por la roca y con amplias vistas sobre el territorio. El recorrido actual permite llegar caminando hasta estos abrigos y entender cómo naturaleza y presencia humana han convivido aquí desde tiempos prehistóricos.
Más que una visita arqueológica, las pinturas de Tormón son una forma de recorrer el Rodeno desde otra mirada: la de quienes habitaron estas montañas mucho antes de que existieran pueblos o caminos.
La baronía de Escriche está situado en el lugar donde en otra época se asentaba una villa
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