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La Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves sorprende por sus grandes dimensiones y su imponente arquitectura. Construida en el siglo XVIII, presenta una fábrica de mampostería y piedra arenisca, con dos portadas barrocas situadas a ambos lados. Su interior se organiza en tres amplias naves, con un coro elevado a los pies, cubierto por una bóveda en forma de concha, y numerosas capillas y altares que enriquecen el conjunto.
La historia del templo se remonta a los orígenes de Villel. Existe la posibilidad de que la primera iglesia parroquial fuera un pequeño templo de época visigoda, posteriormente transformado en mezquita y recuperado para el culto cristiano. En cualquier caso, la localidad adquirió una notable relevancia religiosa, hasta convertirse en cabeza del arciprestazgo de la Encomienda de Villel.
En 1704 se inició la construcción de una nueva iglesia, mucho más ambiciosa, que debía reflejar la importancia de la población. El proyecto, financiado por la Orden Militar y las aportaciones de los fieles, dio lugar a un edificio de planta rectangular y dimensiones excepcionales, de aproximadamente 40 metros por lado. Las obras concluyeron en 1738, aunque se conservó la torre anterior por falta de recursos para levantar una nueva. Su estado de conservación llegó a suscitar preocupación entre los vecinos, ante el riesgo de ruina. En 1804, la torre fue renovada y se instaló un nuevo reloj, que dejó de funcionar justo un siglo después.
El interior llegó a albergar una extraordinaria riqueza artística, con nueve capillas decoradas con retablos, esculturas y numerosas donaciones. Entre sus piezas más destacadas se encontraba una urna de plata con reliquias de Santa Otilia, obsequio de fray Juan Fernández de Heredia, cuya devoción arraigó profundamente en Villel hasta convertirla en patrona de la villa. El retablo mural del siglo XVIII reúne imágenes de distintas advocaciones, entre ellas San Roque, Santa Bárbara, la Inmaculada, San Sebastián, la Virgen del Pilar, Santa Otilia y la Virgen de las Nieves, reflejo de la arraigada tradición religiosa local.
También sobresalía el coro, que contaba con un importante órgano, una rejería ornamental y una valiosa sillería barroca. Además, el templo sirvió como lugar de enterramiento para los clérigos y presbíteros que ejercieron allí su ministerio.
A pesar de la pérdida de buena parte de su antiguo esplendor, especialmente durante la Guerra, cuando el edificio fue utilizado como hospital militar, la iglesia sigue impresionando por su amplitud. Su sobria ornamentación actual contrasta con la riqueza artística que llegó a atesorar y permite imaginar la relevancia que tuvo este templo en la vida religiosa y social de Villel.
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