Cerca de 200 pilones construidos en piedra forman parte, como si de 200 faros se tratara, de un recorrido histórico entre la ciudad de Teruel y la Iglesuela del Cid. Se trata del Camino de los Pilones, recuperado para su uso turístico y deportivo por las comarcas de Maestrazgo y Comunidad de Teruel, que sigue la huella de la historia a través de tramos declarados Bien de Interés Cultural y que fue presentado este lunes en Teruel.
Es un camino singular, posiblemente el único que se conserva en España con este tipo de balizamiento y que se ha homologado como un sendero de gran recorrido bajo la matrícula GR-265 para convertirse en un recurso turístico y deportivo que se ha planteado para ser recorrido en cuatro jornadas de senderismo, y en el que, para acreditar el haberlo completado, se ha sacado un pasaporte para ir sellándolo a lo largo del recorrido.
El recorrido es el resultado del trabajo conjunto llevado a cabo entre las comarcas de Maestrazgo y Comunidad de Teruel para recuperar y promocionar una vía secular, creada entre el siglo XVIII y XIX por orden del rey Felipe IV.
Tanto el presidente de la Comarca Comunidad de Teruel, José Herrero, como el de la comarca del Maestrazgo, Fernando Safont, destacaron el trabajo realizado de forma conjunta entre las dos instituciones y que se ha financiado con cargo al Fondo de Inversiones de Teruel (FITE), que sustentan a partes iguales el Gobierno de España y el Gobierno de Aragón. La actuación, que se considera cerrada, ha supuesto una inversión de 130.000 euros. “Es un ejemplo de colaboración entre comarcas, con el queremos impulsar el turismo activo y sostenible que además nos puede servir para vertebrar el territorio”, afirmó Herrero.
Por su parte, el presidente del Maestrazgo recalcó que la Comarca ya ha colaborado con otras en la elaboración de productos turísticos conjuntos, como la Silent Route, desarrollada conjuntamente con la Comarca Andorra Sierra de Arcos o las pasarelas de Valloré, entre Aliaga y Montoro de Mezquita, de la mano de la Comarca de Cuencas Mineras. Así, el presidente de la Comarca del Maestrazgo, Fernando Safont, destacó que este tipo de colaboraciones permiten “optimizar recursos y también compartir conocimientos, experiencias y visión estratégica”.

El secretario de la Subdelegación del Gobierno de España en Teruel, Rodrigo Esteban, hizo hincapié en la importancia de “la unión o la sinergia entre las distintas administraciones”, destacando el uso del FITE en “cosas tan útiles como en este caso, el desarrollo turístico, tan arraigado y tan potente en nuestro territorio”.
Por su parte, el consejero de Turismo y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, Manuel Blasco, puso el acento en la apuesta turística de la provincia de Teruel por lo que denominó un “turismo slow”. Blasco destacó también “la buena utilización de los fondos públicos” tras comprobar, dijo, que “las dos comarcas lo están haciendo bien”. El consejero recordó que el Fondo de Inversiones de Teruel destina desde hace años una partida de 2 millones de euros a las 10 comarcas turolenses (200.000 euros a cada una de ellas) y que “la gran mayoría lo está destinando al sector del turismo (…) porque en la provincia casi todas las comarcas han apostado por el turismo como una de las actividades económicas importantes. Unido a la agroalimentación, porque la provincia sigue siendo agrícola y ganadera, el turismo cada vez está cogiendo más auge, si cabe”.
Precisamente, a propósito del auge turístico de la provincia y de la comunidad autónoma, el consejero Blasco recalcó que aunque los datos oficiales hablan de 4,1 millones de turistas anuales, “en realidad sabemos que Aragón recibe más de 7,3 millones”, aludiendo a los desplazamientos de un día o a los alojamientos alternativos como las viviendas de uso turístico.
El presidente de la Comarca Comunidad de Teruel explicó que el Camino de los Pilones es un “antiguo camino de herradura que unía Aragón con el Levante, cuya principal peculiaridad, como su propio nombre indica, son los pilones que están ubicados cada 30-50 metros a lo largo del camino. Son pilones de tierra de 2 metros de altura que servían como vía cuando las condiciones climatológicas eran adversas”.
Se refirió al Camino de los Pilones como un recorrido “lleno de historia” que permite “disfrutar de unos paisajes impresionantes, entender un poco más el pasado y seguir las huellas de los comerciantes, viajeros, pastores que utilizaron este camino a través de los siglos”.

El recorrido
El sendero está señalizado en su totalidad, parte de Teruel y finaliza en el Puerto de las Cabrillas en la Iglesuela del Cid. El GR-265 tiene 97 kilómetros de longitud aproximadamente y supera un desnivel positivo de más de 2.200 metros.
El itinerario se ha dividido en siete etapas, con parada en cada una de las localidades que recorre la ruta. La ruta arranca en Teruel, junto al cementerio, para encaminarse bien
por la antigua traída de aguas, bien por la vía verde, hacia Corbalán. De allí, atravesando vestigios recuperados de la Guerra Civil, los viajeros se encuentran con 35 de estos pilones en la subida al puerto de Cabigordo para dirigirse después a la localidad de El Pobo.
La tercera jornada llega hasta Allepuz, ya en la comarca del Maestrazgo, en un recorrido profusamente marcado por más de cien de estos hitos pétreos, catalogados como Bien de Interés Cultural (BIC). La cuarta etapa une Allepuz y Villarroya de los Pinares a través de frondosos pinares.
Después, la quinta jornada llevará al viajero hasta Fortanete, acompañado de más de 20 pilones completos y los restos de varios más. La llegada a La Iglesuela del Cid permite al caminante saborear el final de la ruta, quedando solamente la posibilidad de recorrer los últimos kilómetros hasta el Puerto de las Cabrillas, en el límite con la provincia de Castellón en la que no se han encontrado más pilones, a pesar de que se tiene constancia de que el camino llegaba hasta Vinaroz.
El camino se ha salpicado de esculturas relacionadas con la ruta, reflejando la realidad y la historia del recorrido. Así, se han plantado estatuas de caminantes desafiando a la ventisca, un esquilador, el rey Jaime I, un tratante de ganado, un hito de señalización de carreteras y un pastor.
Pasaporte
En los próximos días, los establecimientos turísticos de las localidades del Camino de los Pilones dispondrán de un pasaporte para acreditar la realización de la ruta. Se trata de un documento que “más que un simple pasaporte, es un recuerdo del camino, del viaje”, afirma la organización en la página web caminodelospilones.org, donde recuerda que hace falta al menos haber recopilado siete sellos para lograr un diploma personalizado y un obsequio por haber completado la ruta.
Historia del Camino
La encargada de realizar la presentación de esta ruta fue la técnico de Turismo de la Comarca del Maestrazgo, Cristina Mallén, que recordó que se trata de un “antiguo itinerario que transcurría por las zonas de montaña donde se solían dar situaciones de meteorología adversa, como temporales de nieve, nieblas espesas y ventiscas. Y para evitar los extravíos se levantaron pilones entre posiblemente mediados del siglo XVIII y principios del XIX”.
Sin embargo, se sabe que el origen de esta señalización se debe a que en 1585 el rey Felipe II viajaba con su familia y su séquito por el Camino de Ruedas entre Madrid y Zaragoza y les sorprendió una gran nevada que cubrió la visión del camino y viéndose perdidos en medio de la tormenta”. Mallén recordó, además, que un año después, el monarca dictó una pragmática que decía “ordenamos y mandamos que los de nuestro consejo provean y den orden como se pongan pilares en los puertos para señalar los caminos por los peligros que en tiempos de nieves incurren los que caminan por ellos por no estar señalados”.
Se trata de pilones de obra, construidos con piedra y que en su momento contaron con un enfoscado, que todavía se conserva en algunas unidades en el tramo de Fortanete. Cada pilar, o pilón, tiene una altura próxima a los 2 metros y están dispuestos a intervalos de entre 30 y 50 metros. Se han encontrado pilones similares en otros puntos de España, como en Burgos, pero el Camino de los Pilones de Teruel resulta único por ser el único del que se conservan buena parte de estos elementos.